Día del Papá 2009

¿Que me gustaría que me regalen para este Día del Padre? No quiero caer en el lugar común de decir: “con recibir el afecto de los hijos me alcanza”, pero más allá de que a uno siempre le gusta que lo sorprendan con algo, a mi me sobra con el simple hecho de escuchar a Juan (sin que él me vea) repitiéndole a sus amigos, las palabras exactas que le dije yo a él sobre el partido de fútbol que vimos en la tele, o que en la calle vean a Rami y me digan “es igual a vos”, o que Cata (solo a veces, no quiero herir susceptibilidades) se sienta molesta a la noche cuando está en la cama conmigo y llega Sofi a involucrarse en ese momento tan nuestro.

Claro, aquí caemos en el tema de la idolatría que sienten los hijos por los papás a esta temprana edad. Esa utopía de pensar que todo el mundo se puede equivocar menos los padres de uno, nos trae más de un disgusto después de grandes al comprobar que no es tan así.

Y ahí vuelvo a lo que escribí aquí mismo, para el Día del Padre pasado: seamos amigos de nuestros hijos, ¿quien dijo que esta mal? Ellos necesitan saber que somos personas simples, comunes, con aciertos y virtudes, como sus amigos.

El creernos invulnerables genera una distancia y esa distancia censura el diálogo entre papás e hijos: “¿como voy a decirle a mi papá que me equivoqué?”, y yendo un poco más lejos, en esta sociedad machista: “¿como aceptar adelante de mi viejo que me gusta una mina que me hace llorar porque no me da bola?”.

Deberíamos sortear esas barreras, superarlas y llegar a tener un diálogo más fluido con los hijos. Ese que se tiene con un amigo. Que ellos sepan que a nosotros también nos pasó y no nos animábamos a hablar.

No hay amigo en el mundo que los quiera más que el papá. El consejo de un papá es el consejo de un amigo pero con muchos más años de experiencia que los amigos comunes.

No se si yo podré lograr ese vínculo en el tiempo, al menos voy a intentarlo, a algún lado voy a llegar y mis hijos continuaran el camino y mis nietos, bis nietos, FELIZ DÍA DEL PADRE PARA TODOS LOS PAPÁS!!! En especial al mío, que con sus aciertos y errores, siempre estuvo al lado mío y de mis hijos, gracias papá…

día del padre

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Isn´t she lovely?

Cata cumple dos añitos en breve.

Esa mujer, esa pequeña mujer atravesada entre mis párpados, que no me deja dormir, que abre los ojos y me invita a ver mi desventura y mi fortuna…y no me deja dormir esa pequeña mujer…(adaptación del tema Secreta Mujer del “Nano” Serrat)

Le voy a regalar algo, cualquier cosa. A esta temprana edad los niños no le dan importancia a la magnitud del regalo, eso viene después, cuando nos transformamos en “ciudadanos civilizados”.

Recién venía caminando por la calle con ella. Venía en su mundo, cantando, sin ningún apuro, a esta temprana edad los niños no corren para llegar rápido a ninguna parte, eso viene después, cuando nos transformamos en “ciudadanos civilizados”.

Yo la contemplaba caminando y me producía una enorme ternura. Para los de mi generación (años más, años menos), pasaba desapercibida. Es tan chiquita que ni la veían. Además, todos con ese apuro y esa cara de preocupación parapetada en sus rostros. Los más grandes, les diría de 60 para arriba, si se detenían al verla. La miraban, me miraban a mi y me decían “que hermosa”, “que divina, como canta”, etc. Yo, orgulloso la acompañaba al lado y agradecía.

La situación me despertó una reflexión. Los años dan sabiduría. Con los años uno aprende a valorar lo verdaderamente importante, aquello que dejamos de ver los “ciudadanos civilizados”, enceguecidos por la rutina y el apuro,  cuando dejamos de ser niños. Hay una parte en el medio de la vida en donde nos deshumanizamos y valoramos cosas sin importancia. Hay una parte de la vida, quizás la de mayor plenitud y autonomía del ser humano, en donde pararnos a contemplar a un niño riendo es una pérdida de tiempo. Esa es la etapa en donde la sociedad nos convierte en “ciudadanos civilizados”. Muchos pudimos disfrutar la infancia, ahora el objetivo sería salir lo más rápido de esta etapa “civilizadora” y alcanzar lo más rápido posible, la sabiduría que le da la vida a los mayores, para disfrutar cuánto antes del verdadero sabor de las cosas, sin importarnos la discriminación a la que somete la “sociedad civilizada” a los individuos cuando dejan de ser “productivos”. Saber detenernos en el camino a contemplar y disfrutar de las cosas hermosas que nos “regala” la vida. Esas cosas no tienen precio, son regalos. Y uno de esos regalos es Cata, a quien, además del presente de cumpleaños que voy a hacerle, le dejo este tema de Stevie Wonder. Espero que algún día lo vea, lo disfrute y lo valore como un instante que se tomó su “papá civilizado” un martes a las 2.52 PM para dedicarle estas palabras.

Isn´t she lovely????

 

Listo, voy a continuar con mis tareas “urgentes” de “ciudadano civilizado”.

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Drogas: un buen comienzo

Estos días de frío conspiran contra la salud de nuestros hijos (un pequeño homenaje al Doctor Socolinski), pero también conspiran contra los planes de fines de semana de los padres.

Una de las primeras cosas que uno debe aprender como padre es que sus tiempos, ya no son sus tiempos y que todo plan, actividad, por más divertida o costosa que sea, con los chicos o solo el matrimonio o incluso el padre o la madre con sus amigos/as por separado, está sometida a la condición en que se encuentren nuestros niños. Si los niños se enferman, todo plan queda suspendido o postergado.

Últimamente me he encontrado (muy a menudo por cierto) en salidas de amigos con hijos, con que los hijos de esos amigos tienen temperatura (como mínimo). Los padres, que no quieren resignar la salida, ¿que hacen? Si, acertó más de uno: llevan Ibupirac. El Ibupirac es un remedio anti térmico color naranja de un sabor casi les diría agradable (al menos para mis hijos) que tiene la facultad de levantar a los chicos más caídos. He visto a mis hijos incluso, con temperatura de 38 grados para arriba y a la media hora de haber tomado el Ibupirac están como si nada. La droga debe ser bastante fuerte para ellos. Y como toda droga, debe ser suministrada bajo estricta indicación médica y con extrema cautela.

Sin embargo, hay padres, que ya tomaron nota del poder del Ibupirac y lo usan como si fuera agua bendita para no resignar su diversión, aún a costa de la enfermedad de sus hijos y del contagio de los hijos de los demás…

FIEBRE~1

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Mensajes de amor de curso legal

Hace un tiempo se ha instalado en los cumpleaños de los chicos, el hecho de juntarse entre los invitados al mismo, para regalarle plata al agasajado. No se desde cuando se ha impuesto esta moda porque cuando yo era niño, no existía.

Todo tiene que ver con un montón de cosas (supongo), falta de tiempo para comprar regalo, falta de creatividad para pensar en el regalo adecuado para cada niño (a la creatividad me volveré a referir en próximos párrafos), no establecer diferencias entre lo que se le regala a uno y lo que se le regala a otro, etc.

Lo cierto es que este tema de juntar plata, al que nosotros por las cuestiones mencionadas previamente y otras, nos hemos adherido recostados en la comodidad de que en la sala hay una mamá encargada de esos menesteres y a la que solo le tenemos que dar el dinero y listo, trae sus consecuencias negativas.

A los hechos me remito: ayer, durante la cena le pregunto a Juan que quería hacer para su cumpleaños; ¿vas a invitar a las nenas? (aclaración: desde hace un tiempo, las nenas del grado de Juan festejan sus “cumples” sin invitar a los nenes que “lo único que tienen en la cabeza es una pelota de fútbol”). Juan me sorprendió con su respuesta. Cuando yo esperaba un “NO” rotundo (para que los juegos de nenas no le quiten tiempo al fútbol), el me contestó con un “SI, OBVIO” y continuó: “así tengo más plata de regalo”.

Me quedé mudo. A los chicos no les importa quien venga con tal de que les traiga plata, ¡QUE GARRÓN! Algo estamos haciendo mal, me dije, lo tenemos delante de los ojos y no lo queremos ver.

Más allá de la crisis financiera mundial, esto nos deja la enseñanza de que el capitalismo no ha muerto, está mas vivo y joven que nunca.

El título de este artículo es de una canción de Serrat que hace referencia a una mujer a la que solo le interesa el dinero de su novio, otra frase genial del Nano es esta: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Dinero niños

Y les paso la canción de Serrat para que la disfruten…

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¿Quien se robó mi niñez?

Este artículo se iba a llamar “Chau Papá, te quiero mucho”, pero si la titulaba de esa manera iba a sonar a despedida y no es la intención de estas palabras que hoy escribo después de un buen tiempo.

La frase la repiten tanto Juan como Rami cada vez que nos despedimos por algún motivo: ellos al cole, yo al trabajo, etc.

Lo digno de destacarse es que, sin ruborizarse, la gritan a viva voz, sin importar quien este al lado escuchando: vecinos, compañeritos del cole, gente grande, otros niños, niñas, quien sea. Ellos lo gritan.

A mi me hace reflexionar. ¿En que momento nosotros, los adultos, perdemos esa espontaneidad? ¿Como hacer para que Rami y Juan (y, si Dios quiere, en un futuro cercano, Cata) no la pierdan?

¿Cuál es el momento de la vida en que alcanzamos “la madurez” suficiente como para no expresar abiertamente semejante sentimiento de afecto? ¿Eso es madurez? Si mantuviéramos esa frescura y espontaneidad cuando llegamos a “grandes”, ¿estaríamos mejor? No lo se, pero supongo que si.

Yo por mi lado, no puedo expresárselo a mi propio padre ni por asomo. Simplemente no me sale. Más de una vez me planteo el hecho de ser más afectivo con mis seres queridos, pero al llegar el momento…no puedo. Es mucho más fuerte que yo el…¿orgullo? ¿Vergüenza? ¿Machismo? ¡¡¡QUE MIERDA ES LO QUE NOS HA QUITADO LA POSIBILIDAD DE EXPRESAR AFECTO HACIA LOS OTROS!!!!

Mientras trato de descubrirlo, intentaré que Juan y Rami no pierdan ese don tan preciado que perdemos los seres humanos al alcanzar “la adultez”.

No es que quiera compararme ni mucho menos, ni pretender ser el único en el planeta que repara en estas cuestiones, pero estos temas ya preocupaban a personajes históricos como el “Che” Guevara, autor de la frase: “hay que endurecer el corazón pero sin perder la ternura jamás.”

Además, la frase que titula este post se la “robé” a este tangazo de Cátulo Castillo…

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¿Primero hay que saber sufrir?

La frase del título de este artículo forma parte del tango “Naranjo en flor” de los hermanos Expósito, tan bien interpretado por el querido “Polaco” Goyeneche, símbolo de la música ciudadana de Buenos Aires.
A mi, hoy me lleva a pensar en Rami. Acabo de dejarlo en su primer día de colonia. Le di un beso y quedó en manos del profesor de su grupo.

Antes de irme, me quedé un rato espiándolo. Estaba sufriendo. Su “profe” lo notó y lo sentó a su lado pero poco a poco fue comenzando con sus tareas cotidianas y Rami fue quedando en segundo plano. A mi se me partía el alma de verlo sufrir. Se aguantaba el llanto (como yo). Estaba solito, como apartado del resto porque, como es obvio, todavía no había podido hacerse amigo de otros nenes. Escondía sus ojos llenos de lagrimas debajo de la visera de su gorra de Spiderman. Miraba la nada como buscando algo que calme su angustia, pero no lograba serenarse. Yo permanecía escondido para que no me vea. Supongo que iba a ser peor.

Era muy sencillo para mí terminar con su tormento. Era simplemente entrar, tomarlo de una mano y llevármelo conmigo. Pero, ¿eso era lo correcto? Yo me debatía en esa duda mientras observaba su tristeza a escondidas.
Llevándomelo, iba a aliviar su angustia, pero eso no resolvía el problema de raíz. Además, ¿en que dolor estaba poniendo más foco?¿en el de él o en el mío?

Lo cierto es que, más allá de que el tango me encanta (en especial “Naranjo en Flor”), lo de “primero hay que saber sufrir…” conmigo no va. Esta cuestión de que “los hombres se hacen a los golpes”, es como que me cuesta digerirla o aceptarla.
En esa encrucijada me encuentro, sin saber que decidir.
¿Que es lo correcto? ¿Sacarlo de la colonia y que vaya cuando tenga ganas? ¿Dejarlo para que aprenda a adaptarse?
Mi personalidad es muy parecida a la de Rami. Yo se exactamente lo que está pasando por su cabecita ahora mientras está en la colonia y yo escribo estas líneas. A mi me pasaba lo mismo. Mi mamá no quería verme así, entonces resolvía el tema sacándome de esas situaciones que tanto me angustiaban. Claro, hoy con 39 años (al borde de los 40), aún me cuestan las adaptaciones.
¿Que debo hacer con Rami? A las 17 tengo que ir a buscarlo, voy a estar ahí 16.50 (como tarde). Cuando salga, voy a hablar con él. Eso será muy importante a la hora de tomar una decisión. Mientras tanto, sigo sufriendo…como el tango.

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Se fue Marcelo, el Quiosquero del barrio

Dicen “los que saben” que la vida útil de los quioscos depende de la venta de los cigarrillos. De hecho, este tipo de negocio, tuvo su origen a partir del tabaco. Marcelo, el quiosquero de la cuadra de mi casa, parecía ir contra la corriente. El no vendía cigarrillos. Una cuestión de principios. No quería venderle a la gente cosas que provoquen tanto daño a la salud.

Marcelo, era un muchacho de unos treinta y largos… pero tenía el alma de un niño de diez. Casado y con un hijito, el quiosco era su única fuente de ingresos. Había domingos en que lo cerraba para irse al Parque Rivadavia a conseguir figuritas difíciles de los álbumes que juntaban los chicos del barrio. El, además de juntar para él, les cambiaba a los chicos (mis hijos incluidos) sus figuritas por las que ellos no tenían. Poco a poco, se fue transformando en un referente. Era el centro de reunión de todos los chicos que juntaban figuritas. Todos sabían que Marce podía tener la difícil.

También se transformó en referente mío. Yo lo veía como un “Don Quijote de los quioscos” que luchaba contra las reglas del negocio ya establecidas. ¡Y estaba triunfando!

Quienes leen este blog, ya conocen mi opinión sobre el tabaco. Yo estuve presente más de una vez con Marcelo en su quiosco cuando alguien se le acercaba y le decía: “¿Me das un Marlboro?”. ”No, cigarrillos no vendo” contestaba Marcelo con el pecho inflado y sabiendo a lo que se exponía (hay como cinco quioscos en dos cuadras a la redonda y todos venden cigarrillos). Pero Marcelo mantenía su postura. Y se lo veía orgulloso. Yo veía en él a alguien que podía sobrevivir a las leyes pre establecidas del mundo de “los negocios a cualquier precio”.

La cuestión es que lamentablemente, Marcelo se fue. Ya me venía anunciando su decisión de irse hace rato. Todo el día ahí encerrado, no podía ni ver a su hijito crecer. Cuando me lo comunicó, lo sentí mucho. Casi tanto como mis hijos que perdieron su referencia a la hora de conseguir su figurita difícil.

El era muy reservado. Más allá de haberlo avisado a unos cuantos, de un día para el otro, cerró el quiosco y no volvió más. No quiso despedirse (demasiado sensible para llevar adelante un negocio). Cuando quise compartir esta pena por su ida con mi entorno, me encontré con varias respuestas inmediatas: “ahí tenemos que poner algo” era lo primero que venía a las mentes de la mayoría (enviciadas del mundo “comercializado” en el que se ha convertido nuestra bendita sociedad de consumo). Pronto, me di cuenta que mi dolor no era comprendido ni compartido.

Se fue Marcelo, el quiosquero. Recurriendo a una frase hecha, siento que los que estamos de este lado, “perdimos una batalla, no la guerra” … la guerra ya la perdimos hace rato.

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Laten bolas

El otro día escuché una charla entre dos chicos que me despertó curiosidad. Paré la oreja y prestándole atención, me di cuenta que había descubierto una técnica para hablar con los hijos de algunos temas difíciles de abordar. Estos niños tenían 10 y 18 años aproximadamente. Parecían ser hermanos. El más chico de los dos estaba empezando a vivir y sentir cosas relacionadas a su intimidad. El de 18 le hablaba con mucha autoridad y ternura. Fue muy interesante escucharlos. Lo que más me llamó la atención fue ver que ninguno de los dos estaba incómodo charlando sobre la cuestión.

Yo (39años) soy de una generación en que los papás no hablaban con sus hijos de estas cosas. Como hermano mayor no tengo, el “no diálogo” hacía que uno se sintiera extraño frente al resto que tampoco hablaba demasiado. Entonces uno prefería permanecer en silencio guardándose el secreto. A eso se sumaba la Iglesia. Esa Iglesia que nos quiere mostrar a un “Cristo jodido que castiga al que siente” y que, por lo tanto, se manifiesta en contra de toda actividad íntima que provoque placer. Claro, como ellos no pueden hacerlo (pero lo hacen tanto o más que cualquiera), son como “el perro del hortelano” (no come ni deja comer). También, los chicos más grandes (de 15 para arriba) que te veían y te cargaban, como si ellos ya hubieran superado esa etapa. Si pudiera volver el tiempo atrás, ¡lo que les contestaría…! En fin, así me encontraba yo con mi secreto bien guardado y sintiéndome una basura: pecador para unos y boludo para otros. ”Sáquese la mano de la gallina” nos gritaba el profesor de gimnasia del colegio católico en el que hice el secundario. Lo decía bien fuerte a cada uno que veía en esa situación, para hacerlo sentir mal adelante del resto que se reía a carcajadas. Otro al que me gustaría encontrarme ahora para decirle ¡¡tantas cosas!!

Pero volvamos al punto: la charla que escuché decía mas o menos así, el de 18 empezó diciendo: “Maxi, dentro de poco vas a empezar a sentir cosas, son como cosquilleos que te provocan placer, no te preocupes, nos pasa a todos, grandes y chicos a partir de tu edad, mas o menos, en adelante. De hecho a mi aún me pasa. Es absolutamente normal y de entrada no nos damos cuenta porque es, pero tiene que ver con la intimidad de cada uno”.

“Ya me está pasando”, contestó Maxi y lo abrazó bien fuerte. De inmediato observé que el más grande le había sacado al más chico un enorme peso de encima. Ese peso que yo llevé durante años por no saber y no tener con quien hablar de eso. Mientras lo abrazaba le dijo: “te quiero mucho”. El más chico estaba tan descomprimido que, mientras seguía abrazándolo, le dijo: “tengo que contarte un secreto” y se pusieron a hablar en voz muy baja. Ya no podía escucharlos…

No se si algún día estos chicos lean el blog y me culpen por haber hecho público algo tan íntimo, a mi me pareció bueno compartirlo con todos los que vamos a pasar o estamos pasando por situaciones similares con nuestros hijos. Es tan simple… solo se trata de hablar…¡¡¿¿como nos puede costar tanto??!!

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Solo para creativos

Alguna vez escribí en este mismo blog sobre La peligrosa creatividad y sobre el hecho de que creativos somos todos y sobre como a nadie le interesa que uno ponga en marcha su propia creatividad por diferentes motivos.

He aquí una serie de recomendaciones básicas para poner en práctica nuestra propia creatividad. Los saqué del blog de Fernando de Vedia. El autor de estos consejos es un publicitario llamado Hugh MacLeod.

1. Ignora a todos.
2. La idea no tiene que ser grande. Sólo ha de cambiar al mundo.
3. Dedícale horas.
4. Si tu plan depende de que de pronto seas descubierto por algún “pez grande”, tu plan seguramente fracasará.
5. Tú eres responsable de tu propia experiencia.
6. Todos nacen creativos; a todos le pasan una caja de crayones en el Kinder.
7. Mantén tu trabajo estable.
8. Empresas que silencian a la creatividad ya no pueden competir con empresas que la celebran.
9. Cada uno tiene su propio y privado Monte Everest para escalar en el mundo.
10. Ese alguien más talentoso, es aquel que no necesita parafernalia.
11. No trates de destacar entre la multitud, mejor simplemente evítalas.
12. Si puedes aceptar el dolor, no te pueden herir.
13. Nunca compares tu interior con el exterior de otro.
14. Morir joven está sobrevalorado.
15. La cosa más importante que una persona creativa puede aprender profesionalmente, es dónde dibujar la línea roja que separa lo que se está dispuesto a hacer, y lo que no.
16. El mundo está cambiando.
17. El mérito se puede comprar. La pasión no.
18. Evita a las pandillas en el trabajo.
19. Canta con tu propio estilo.
20. La elección del medio es irrelevante.
21. Venderse es más difícil de lo que parece.
22. A nadie le importa. Hazlo por ti.
23. Preocuparse por lo comercial y lo artístico es una completa pérdida de tiempo.
24. No te preocupes por encontrar inspiración. Llega eventualmente.
25. Tienes que encontrar tu propia gracia.
26. Escribe desde el corazón.

Me parecieron consejos piolas que están en el blog de Fernando y quería compartirlo con ustedes para que podamos transmitírselos a nuestros hijos.

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Jalowin

La semana pasada mis hijos fueron a lo de unos amiguitos a festejar Jalowin.

¿Que es Jalowin (valga la nobleza, se escribe Halloween))? El año pasado también fueron. Se instauró hace unos años como una moda aquí. Cuando yo era chico no existía. Creo que es una costumbre o una tradición en Yanquilandia de hace muchos años. No se que se festeja ni porque. Tampoco me interesa mucho saberlo. Como quiero ser abierto a otras culturas, vengan de donde vengan, permito que mis hijos se asocien al festejo. De hecho la pasan muy bien cada vez que van. Pero yo no quiero morirme sin ver la quinta avenida en New York repleta de gente rindiéndole tributo a la Pachamama.

 halloween

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