Pido perdón por estos últimos artículos que a simple vista parecen no tener mucho que ver con mis experiencias como papá, eje central del objetivo de este blog. El tema es que la actualidad me va llevando a reflexionar mucho acerca de las cosas que veo y que me parece que no están del todo bien. En definitiva, todo desemboca en una intención de querer mejorar las cosas y que nuestros hijos tengan un mundo mejor que el que nos toca a nosotros vivir. La idea es sumar.
Ya he escrito en otros artículos de este mismo blog sobre las frases hechas. A una de ellas quiero referirme en este artículo para dejar de lado un concepto que al ser interpretado como verdad absoluta, provoca graves consecuencias.
El trabajo dignifica:
El otro día estaba esperando que me atiendan en las oficinas de nuestra obra social cuando llegó un hombre. Unos 50 largos. Tal vez 60. Se lo veía golpeado, con cara de sufrido. Se sentó frente a una de las recepcionistas y le dijo: “acaban de despedirme, quisiera ver como hacer para mantener la obra social de mi familia”. La frase retumbó en mis oídos. ¿Cuantas veces este hombre habrá escuchado la frase: “el trabajo dignifica”? ¿Cuan importante se habrá sentido en sus años mozos cuando era contratado por grandes corporaciones? ¿Con que orgullo habrá dicho en cada reunión social: si yo soy Gerente de la “Zarasasa Corp and Comunications”? ¿Cuanta vergüenza habrá sentido al llegar a su casa o sentirá cuando vaya a esas mismas reuniones sociales? ¿Que importancia le dan las corporaciones al ser humano? Esas mismas corporaciones son las que toman como bandera aquella nefasta frase: el trabajo dignifica. Y después uno anda por el mundo sin trabajo como si hubiera robado.
Nadie quiere restarle importancia a una actividad tan importante que le permite a uno crecer en lo personal y a una sociedad crecer en lo colectivo. No está en tela de juicio la importancia que tiene el trabajo. Ahora, aquello de que “gracias a Dios tengo trabajo” o los miles de fieles que van cada 7 de Agosto a la Iglesia de San Cayetano (Patrono del trabajo) para pedir trabajo o más trabajo o a agradecer por el trabajo, me parece una exageración. Es más, creo que la frase “El trabajo dignifica” la inventó alguien que no trabaja (hay muchos, créanme y viven mejor que los que trabajamos). Alguien que no quiere que los demás se den cuenta que uno puede al menos intentar hacer lo que le gusta y que eso luego se transforme en su “trabajo”. Algo así como lo que he escrito alguna vez sobre los creativos. A nadie le conviene que uno se ponga a descubrir su creatividad. ¿Sino quien trabajaría?
No me quiero ir por las ramas como viene sucediendo últimamente, pero en resumen, no quiero que mis hijos le rindan culto al trabajo. No quisiera que estudien algo que les genere un ingreso y que si hacen lo que verdaderamente les gusta lo hagan como “hobbie”, esa cultura con la que nos han educado a muchos de los que hoy nos cuesta tanto levantarnos cada mañana. No permitamos que a nuestros hijos les pase lo mismo. Si no disfrutan de lo que hacen, van a sufrir toda su vida con el trabajo y eso quita calidad de vida (valga la redundancia). Van a creer que son personas importantes cuando los contratan y una basura cuando los despiden.
Amigos, el trabajo es importante pero no dignifica y quisiera crear desde este pequeño espacio un bastión de lucha contra esa frase. La dignidad pasa por otro lado.
No puede ser que uno vaya con fiebre a trabajar pero si es el acto de su hijo en el colegio no vaya porque tiene fiebre. Pongamos las cosas en orden.
Que los que nos siguen hagan, aunque sea, un primer intento en disfrutar de lo que hacen y que eso se transforme luego en su “trabajo”. Si no queda otra, habrá que trabajar, dentro de lo posible, en lo que a uno más le satisfaga. Pero el valor de haberlo intentado vale mucho.
Espero que muchos se sumen a esta cruzada. Escucho sus opiniones y como siempre, estoy abierto a las críticas.
Carlos Alberto Romero escribió,
Septiembre 21, 2008 @ 10:59 am
Estimado Hernan, mucho aprecio y valoro tu comentario y tu propuesta.El deseo es afirmarla aclarando que, la principal actividad es la de aprender a capacitarse para vivir y convivir y a partir de ello, aprender a desarrollar la actividad laboral entre todas las demás que es necesario llevar a cabo, primero y fundamental aprender a respetar la vida de cada uno para que los demás aprendan a hacerlo con la suya. Aprendan a desarrollar la responsabilidad de cooperar, de complementarse y de participar en un medio social, en el que predomina la competencia, la comparación discriminativa y el consumo de objetos y de personas. Lograr ese objetivo (cooperar, complementarse y participar), debe ser la base y el de competir, compararse, discriminar las diferencias y “consumir” vida, debe aprender a emplearse como un medio real pero para capacitarse para mejorarlo humana y lógicamente.
Un saludo cordial y afectuoso a la familia.