Laten bolas

El otro día escuché una charla entre dos chicos que me despertó curiosidad. Paré la oreja y prestándole atención, me di cuenta que había descubierto una técnica para hablar con los hijos de algunos temas difíciles de abordar. Estos niños tenían 10 y 18 años aproximadamente. Parecían ser hermanos. El más chico de los dos estaba empezando a vivir y sentir cosas relacionadas a su intimidad. El de 18 le hablaba con mucha autoridad y ternura. Fue muy interesante escucharlos. Lo que más me llamó la atención fue ver que ninguno de los dos estaba incómodo charlando sobre la cuestión.

Yo (39años) soy de una generación en que los papás no hablaban con sus hijos de estas cosas. Como hermano mayor no tengo, el “no diálogo” hacía que uno se sintiera extraño frente al resto que tampoco hablaba demasiado. Entonces uno prefería permanecer en silencio guardándose el secreto. A eso se sumaba la Iglesia. Esa Iglesia que nos quiere mostrar a un “Cristo jodido que castiga al que siente” y que, por lo tanto, se manifiesta en contra de toda actividad íntima que provoque placer. Claro, como ellos no pueden hacerlo (pero lo hacen tanto o más que cualquiera), son como “el perro del hortelano” (no come ni deja comer). También, los chicos más grandes (de 15 para arriba) que te veían y te cargaban, como si ellos ya hubieran superado esa etapa. Si pudiera volver el tiempo atrás, ¡lo que les contestaría…! En fin, así me encontraba yo con mi secreto bien guardado y sintiéndome una basura: pecador para unos y boludo para otros. ”Sáquese la mano de la gallina” nos gritaba el profesor de gimnasia del colegio católico en el que hice el secundario. Lo decía bien fuerte a cada uno que veía en esa situación, para hacerlo sentir mal adelante del resto que se reía a carcajadas. Otro al que me gustaría encontrarme ahora para decirle ¡¡tantas cosas!!

Pero volvamos al punto: la charla que escuché decía mas o menos así, el de 18 empezó diciendo: “Maxi, dentro de poco vas a empezar a sentir cosas, son como cosquilleos que te provocan placer, no te preocupes, nos pasa a todos, grandes y chicos a partir de tu edad, mas o menos, en adelante. De hecho a mi aún me pasa. Es absolutamente normal y de entrada no nos damos cuenta porque es, pero tiene que ver con la intimidad de cada uno”.

“Ya me está pasando”, contestó Maxi y lo abrazó bien fuerte. De inmediato observé que el más grande le había sacado al más chico un enorme peso de encima. Ese peso que yo llevé durante años por no saber y no tener con quien hablar de eso. Mientras lo abrazaba le dijo: “te quiero mucho”. El más chico estaba tan descomprimido que, mientras seguía abrazándolo, le dijo: “tengo que contarte un secreto” y se pusieron a hablar en voz muy baja. Ya no podía escucharlos…

No se si algún día estos chicos lean el blog y me culpen por haber hecho público algo tan íntimo, a mi me pareció bueno compartirlo con todos los que vamos a pasar o estamos pasando por situaciones similares con nuestros hijos. Es tan simple… solo se trata de hablar…¡¡¿¿como nos puede costar tanto??!!

1 Respuesta por mucho »

  1. 1

    Sofia escribió,

    Ahora si! :o )


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