Dicen “los que saben” que la vida útil de los quioscos depende de la venta de los cigarrillos. De hecho, este tipo de negocio, tuvo su origen a partir del tabaco. Marcelo, el quiosquero de la cuadra de mi casa, parecía ir contra la corriente. El no vendía cigarrillos. Una cuestión de principios. No quería venderle a la gente cosas que provoquen tanto daño a la salud.
Marcelo, era un muchacho de unos treinta y largos… pero tenía el alma de un niño de diez. Casado y con un hijito, el quiosco era su única fuente de ingresos. Había domingos en que lo cerraba para irse al Parque Rivadavia a conseguir figuritas difíciles de los álbumes que juntaban los chicos del barrio. El, además de juntar para él, les cambiaba a los chicos (mis hijos incluidos) sus figuritas por las que ellos no tenían. Poco a poco, se fue transformando en un referente. Era el centro de reunión de todos los chicos que juntaban figuritas. Todos sabían que Marce podía tener la difícil.
También se transformó en referente mío. Yo lo veía como un “Don Quijote de los quioscos” que luchaba contra las reglas del negocio ya establecidas. ¡Y estaba triunfando!
Quienes leen este blog, ya conocen mi opinión sobre el tabaco. Yo estuve presente más de una vez con Marcelo en su quiosco cuando alguien se le acercaba y le decía: “¿Me das un Marlboro?”. ”No, cigarrillos no vendo” contestaba Marcelo con el pecho inflado y sabiendo a lo que se exponía (hay como cinco quioscos en dos cuadras a la redonda y todos venden cigarrillos). Pero Marcelo mantenía su postura. Y se lo veía orgulloso. Yo veía en él a alguien que podía sobrevivir a las leyes pre establecidas del mundo de “los negocios a cualquier precio”.
La cuestión es que lamentablemente, Marcelo se fue. Ya me venía anunciando su decisión de irse hace rato. Todo el día ahí encerrado, no podía ni ver a su hijito crecer. Cuando me lo comunicó, lo sentí mucho. Casi tanto como mis hijos que perdieron su referencia a la hora de conseguir su figurita difícil.
El era muy reservado. Más allá de haberlo avisado a unos cuantos, de un día para el otro, cerró el quiosco y no volvió más. No quiso despedirse (demasiado sensible para llevar adelante un negocio). Cuando quise compartir esta pena por su ida con mi entorno, me encontré con varias respuestas inmediatas: “ahí tenemos que poner algo” era lo primero que venía a las mentes de la mayoría (enviciadas del mundo “comercializado” en el que se ha convertido nuestra bendita sociedad de consumo). Pronto, me di cuenta que mi dolor no era comprendido ni compartido.
Se fue Marcelo, el quiosquero. Recurriendo a una frase hecha, siento que los que estamos de este lado, “perdimos una batalla, no la guerra” … la guerra ya la perdimos hace rato.
silviola escribió,
Mayo 22, 2009 @ 4:37 am
HOLA HERNAN————Q FELICIDAD—————-CREO Q ENTENDI MAL , PUES SUPUSE Q MARCELO SE HABIA IDO LITERALMENTE-O SEA Q HABIA FALLECIDO———-MALINTERPRETÉ O MI MEMORIA M JUGÓ UNA BROMA…..EN FIN……..LOS ERRORES SIRVEN TAMBIEN…..COMO PARA Q YO HAYA CONOCIDOO ESTE BLOG-HASTA PRONTO-SIL