¿Primero hay que saber sufrir?

La frase del título de este artículo forma parte del tango “Naranjo en flor” de los hermanos Expósito, tan bien interpretado por el querido “Polaco” Goyeneche, símbolo de la música ciudadana de Buenos Aires.
A mi, hoy me lleva a pensar en Rami. Acabo de dejarlo en su primer día de colonia. Le di un beso y quedó en manos del profesor de su grupo.

Antes de irme, me quedé un rato espiándolo. Estaba sufriendo. Su “profe” lo notó y lo sentó a su lado pero poco a poco fue comenzando con sus tareas cotidianas y Rami fue quedando en segundo plano. A mi se me partía el alma de verlo sufrir. Se aguantaba el llanto (como yo). Estaba solito, como apartado del resto porque, como es obvio, todavía no había podido hacerse amigo de otros nenes. Escondía sus ojos llenos de lagrimas debajo de la visera de su gorra de Spiderman. Miraba la nada como buscando algo que calme su angustia, pero no lograba serenarse. Yo permanecía escondido para que no me vea. Supongo que iba a ser peor.

Era muy sencillo para mí terminar con su tormento. Era simplemente entrar, tomarlo de una mano y llevármelo conmigo. Pero, ¿eso era lo correcto? Yo me debatía en esa duda mientras observaba su tristeza a escondidas.
Llevándomelo, iba a aliviar su angustia, pero eso no resolvía el problema de raíz. Además, ¿en que dolor estaba poniendo más foco?¿en el de él o en el mío?

Lo cierto es que, más allá de que el tango me encanta (en especial “Naranjo en Flor”), lo de “primero hay que saber sufrir…” conmigo no va. Esta cuestión de que “los hombres se hacen a los golpes”, es como que me cuesta digerirla o aceptarla.
En esa encrucijada me encuentro, sin saber que decidir.
¿Que es lo correcto? ¿Sacarlo de la colonia y que vaya cuando tenga ganas? ¿Dejarlo para que aprenda a adaptarse?
Mi personalidad es muy parecida a la de Rami. Yo se exactamente lo que está pasando por su cabecita ahora mientras está en la colonia y yo escribo estas líneas. A mi me pasaba lo mismo. Mi mamá no quería verme así, entonces resolvía el tema sacándome de esas situaciones que tanto me angustiaban. Claro, hoy con 39 años (al borde de los 40), aún me cuestan las adaptaciones.
¿Que debo hacer con Rami? A las 17 tengo que ir a buscarlo, voy a estar ahí 16.50 (como tarde). Cuando salga, voy a hablar con él. Eso será muy importante a la hora de tomar una decisión. Mientras tanto, sigo sufriendo…como el tango.

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