¿Como puede ser?

Esta es una reflexión que aprendí junto a quien es uno de los maestros que me dio la vida, el Doctor Carlos Romero.
Hace bastante tiempo que no nos juntamos a hablar, pero cada vez que lo hacemos, él siempre se pregunta ¿Cómo puede ser?
Somos el fruto de un acto de cooperación. Antes de llegar al mundo, si o si, un óvulo y un espermatozoide deben unirse para darle origen al ser humano que luego seremos. Sin ese pequeño-gran acto de cooperación, colaboración entre las partes, fecundación o como quieran llamarle, sencillamente NO PODRÍAMOS NACER. Para expresarlo en otros términos más contundentes: si esto no sucediera, NO EXISTIRÍA LA VIDA SOBRE LA TIERRA. Así de simple.
¿Cómo puede ser que luego de eso, lleguemos al mundo y con el uso de nuestras facultades físicas y mentales, hagamos todo lo contrario? Todo es un buen motivo para confrontar, para pelear, para “destruir a…” en lugar de “construir con…”. El llamado “primer mundo” propone la “cultura” de la libre “competencia” como si eso fuera sano.
Es como si quisiéramos ir en contra de aquello gracias a lo cual existimos, como si buscáramos acabar con el regalo más hermoso que hemos recibido por ese pequeño-gran de cooperación entre ese óvulo y ese espermatozoide: “la vida”.
Les comparto la reflexión y les dejo este video alusivo al tema. Verán que no es tan sencilla la fecundación como para que estemos intentando destruir lo construido así porque sí.

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Ser “distintos” en una sociedad “normal”.

Ser “distintos” en una sociedad “normal”.

La celiaquía es la enfermedad por la cual una persona no tolera en su organismo, una sustancia llamada gluten. Todo lo que ingiere debe ser sin TACC (Trigo, Avena, Cebada, Centeno). De lo contrario, el intestino empieza a deteriorarse hasta provocar problemas de salud mucho más graves. Uno nace con esto, pero a algunos se les despierta a cualquier edad. Tal es el caso de Sofi (mí esposa), a la que le apareció ahora, a los 41 años.

A simple vista, parecería algo perfectamente controlable, simplemente hay que cuidarse en las comidas, pero no es tan así. El celíaco no tolera ni una milésima de gramo de harina (por ejemplo). Esto quiere decir que Sofía, no puede utilizar los mismos cubiertos que alguien que haya comido fideos. Ni una miga de pan puede caer en el plato de un celíaco, porque, de ingerirlo, le puede estar provocando serios daños a su cuerpo.
En casa estamos aprendiendo a convivir con esto. Más allá de todo lo negativo, hay también cosas positivas. La celiaquía nos ha enrostrado de una manera muy suavizada lo que somos como sociedad frente al distinto. Recién ahora están apareciendo leyes que protegen a las personas con este tipo de patologías.
Sin embargo, la enseñanza que me queda es que en nuestra sociedad, si sos distinto, diferente, tenes que ir a lugares distintos, diferentes. No podes convivir con el resto de los seres que son “iguales”/”comunes”/”normales”. Nos pasa a nosotros que simplemente no podemos ir a comer a ningún restaurant porque la gran mayoría no tiene la suficiente infraestructura para darle de comer a un celíaco, pero también le pasa a los niños con “capacidades diferentes” que quieren ir a una escuela “normal”, a los ciegos que tienen que cruzar la calle, a los obesos que necesitan vestirse, a los gays que van a discos exclusivas para ellos.
Brindo entonces por una sociedad más tolerante y contemplativa, donde los maestros y las escuelas estén preparados para recibir y educar a todo tipo de niños, donde las marcas de ropa vendan sus productos para personas de todo tipo de tamaño, donde haya semáforos con sonido en todas las esquinas, donde para ir a cenar con Sofi no tengamos que salir a peregrinar para ver que restaurant tiene su cocina apta para celíacos.
Agradezco a la celiaquía por mostrarnos la falta de tolerancia de una manera tan delicada. Nuestro problema discriminatorio solo se limita a la búsqueda de algún lugar que esté preparado para darnos de comer y créanme, es muy difícil encontrar uno.
Aportaré mi granito de arena para que esto mejore, si no hubiera habido un celíaco en la familia, no sé si lo hubiera hecho.

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El país del escrache

Acá se escracha a un funcionario de gobierno delante de sus hijos, se lo acusa de corrupto y chorro (sin que haya causa alguna en su contra) y no sé cuántas otras barbaridades solo por estar en desacuerdo con las medidas económicas que toma.

¿Cómo se olvidan esos niños del momento que tuvo que vivir su papá frente a los desubicados que lo acusaban sin sentido solo porque no pueden acceder a sus putos dólares con la comodidad con la que lo hacían antes? Porque del país salen igual…

En este país, a través de estas redes sociales, se publican fotos de maestras jardineras sin que hayan hecho absolutamente nada (solo son compañeras de una o dos desalmadas que tratan mal a los niños). La idea es señalar a culpables.

¿Cómo consiguen trabajo ahora las maestras del jardín que el único error que cometieron fue aceptar ser fotografiadas junto a estas dos desaforadas?

El objetivo es canalizar nuestras propias frustraciones.

Y en ese contexto, yo también quiero escrachar a estos hijos de puta que se dan el gusto de matarnos y abusándose de la adicción que provoca el producto que instalaron en el mercado, se dan el lujo de comunicárnoslo antes y mostrarnos como quedaran nuestros pulmones.

¿Porque no hay escraches o cacerolazos frente a las tabacaleras?

¿A quién no le conviene?

Basta de hipocresía: o prohíben el tabaco o legalizan la marihuana!

Imagen

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Lindo tema pal´debate…

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…más sobre el artículo anterior en esta entrada…

Como repercuten en la adolescencia, cuestiones vinculadas a la niñez: http://www.clarin.com/sociedad/mundos-intimos/Cuidar-infancia-preservar-adolescencia_0_812319029.html

 

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Sobre como a veces le hacemos daño a los niños sin darnos cuenta…

Excelente historia para que padres y profesionales que trabajan con niños y adolescentes reflexionemos: http://www.clarin.com/sociedad/angustia-gordito-sentia-viril_0_808119375.html

 

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12 de Octubre Día de la diversidad cultural

…Día de la diversidad cultural. ¡Hemos avanzado a pasos agigantados!

En mi época de estudiante, para esta fecha se celebraba el “Día de la Raza”. No se hacía más que hablar de las “proezas” de Cristobal Colón, de cómo consiguió que la reina de España lo financiara para lanzarse a la aventura en el océano a bordo de sus tres carabelas, de cómo llegó a las Indias para “civilizar” a los pobladores autóctonos.

Colón, al igual que otros conquistadores del viejo continente, vinieron a estas tierras a imponer su cultura por sobre la de los pueblos originarios a quienes consideraban incivilizados, salvajes.

Eso pasó hace más de 5 siglos atrás, pero hasta hace poco, se celebraba esa llegada de los conquistadores y la “no tan cálida” bienvenida al mundo civilizado que se les daba a los aborígenes.

De hecho, hasta la década pasada, España seguía siendo un referente de cómo deben funcionar las cosas en un país del primer mundo. Así nos fue, así les está yendo a ellos.

Pero hoy, todo ha cambiado. La maestra de la escuela de mis hijos cerró el acto con un: “debería haber igualdad de oportunidades para todos”. Y esta bueno reflexionar sobre eso.

Porque hoy vivimos tiempos difíciles, donde te matan por nada. Donde los delincuentes no valoran ni su propia vida (¿cómo valorar la ajena?).

La gente sale a pedir justicia. Familiares de víctimas de la inseguridad reclaman con mucha razón: ¡JUSTICIA! Todos la pedimos.

Ahora, está bueno volver a la frase de la maestra para entender que es lo que estamos pidiendo con esa justicia.

“Debería haber igualdad de oportunidades para todos”. Si todos nos preocupáramos para que haya igualdad de oportunidades para todos, tal vez no se llegaría a esta situación de inseguridad y violencia que vivimos.

Si pidiéramos justicia por la causa: para que esos niños que terminan tomando el camino incorrecto, tengan las mismas oportunidades que los demás para alimentarse de una manera adecuada, para recibir la educación que reciben los otros, para que tengan una atención médica digna ante cualquier enfermedad, para que tengan una familia que los contenga…

tal vez no estaríamos pidiendo justicia por la consecuencia: que se castigue a esos niños cuando ya son jóvenes que no valoran ni su propia vida y enloquecidos por la droga, salen a matar o morir. He escuchado pedir pena de muerte para ellos.

¡Ojo! No estoy haciendo una apología del delito. Creo que la justicia, en el ahora, debe actuar como estipula la ley ante tanto drama que ocasiona la inseguridad y la violencia.

Pero supongo que si empezamos a ser más equitativos y justos a la hora de las oportunidades, todo, de a poco, se va a ir encarrilando.

Lo dijo la maestra en el acto: “debería haber igualdad de oportunidades para todos”. Ahora es hora de que actuemos y no quedarnos solo en las palabras.

Se puede empezar con pequeñas cosas.

La gente de mi barrio, por ejemplo, podría ir con sus hijos a visitar la muestra de ciencia, arte y tecnología llamada Tecnópolis. La entrada es libre y gratuita, queda a 10 cuadras de nuestras casas, está muy buena (doy fe porque fui con mis hijos) pero, vaya paradoja, nadie va.

“La entrada es gratis y se llena de negros”, he escuchado decir a algunos. Esos mismos la llaman “Negrópolis”.

Viva la diversidad cultural, ¿no?

Ah, me olvidaba: Juan fue por primera vez escolta de la bandera. Que hay sido en un acto de esta naturaleza, me llena de orgullo.

¡¡¡¡Felicitaciones Juanchi!!!!

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