Ser “distintos” en una sociedad “normal”.

Ser “distintos” en una sociedad “normal”.

La celiaquía es la enfermedad por la cual una persona no tolera en su organismo, una sustancia llamada gluten. Todo lo que ingiere debe ser sin TACC (Trigo, Avena, Cebada, Centeno). De lo contrario, el intestino empieza a deteriorarse hasta provocar problemas de salud mucho más graves. Uno nace con esto, pero a algunos se les despierta a cualquier edad. Tal es el caso de Sofi (mí esposa), a la que le apareció ahora, a los 41 años.

A simple vista, parecería algo perfectamente controlable, simplemente hay que cuidarse en las comidas, pero no es tan así. El celíaco no tolera ni una milésima de gramo de harina (por ejemplo). Esto quiere decir que Sofía, no puede utilizar los mismos cubiertos que alguien que haya comido fideos. Ni una miga de pan puede caer en el plato de un celíaco, porque, de ingerirlo, le puede estar provocando serios daños a su cuerpo.
En casa estamos aprendiendo a convivir con esto. Más allá de todo lo negativo, hay también cosas positivas. La celiaquía nos ha enrostrado de una manera muy suavizada lo que somos como sociedad frente al distinto. Recién ahora están apareciendo leyes que protegen a las personas con este tipo de patologías.
Sin embargo, la enseñanza que me queda es que en nuestra sociedad, si sos distinto, diferente, tenes que ir a lugares distintos, diferentes. No podes convivir con el resto de los seres que son “iguales”/”comunes”/”normales”. Nos pasa a nosotros que simplemente no podemos ir a comer a ningún restaurant porque la gran mayoría no tiene la suficiente infraestructura para darle de comer a un celíaco, pero también le pasa a los niños con “capacidades diferentes” que quieren ir a una escuela “normal”, a los ciegos que tienen que cruzar la calle, a los obesos que necesitan vestirse, a los gays que van a discos exclusivas para ellos.
Brindo entonces por una sociedad más tolerante y contemplativa, donde los maestros y las escuelas estén preparados para recibir y educar a todo tipo de niños, donde las marcas de ropa vendan sus productos para personas de todo tipo de tamaño, donde haya semáforos con sonido en todas las esquinas, donde para ir a cenar con Sofi no tengamos que salir a peregrinar para ver que restaurant tiene su cocina apta para celíacos.
Agradezco a la celiaquía por mostrarnos la falta de tolerancia de una manera tan delicada. Nuestro problema discriminatorio solo se limita a la búsqueda de algún lugar que esté preparado para darnos de comer y créanme, es muy difícil encontrar uno.
Aportaré mi granito de arena para que esto mejore, si no hubiera habido un celíaco en la familia, no sé si lo hubiera hecho.

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